miércoles, 4 de mayo de 2011

Sobre la legitimidad de la II República

El pasado 14 de abril, día del 80º Aniversario de la proclamación de la II República Española, yo escribí un artículo conmemorando la fecha. Dicho artículo, que no tenía otro fin más que reivindicar su memoria, ha generado su correspondiente polémica. Y eso está muy bien, me gusta. Eso genera debate, alimenta las mentes. Y siempre es saludable cuestionar las ideas establecidas, siempre que se haga desde el respeto, por supuesto.

El artículo en cuestión es justo el anterior a este: ¿Fracasó en verdad la II República?, del jueves 14 de abril de 2011.

La polémica surgió a raíz del comentario (que se puede ver clicando en la pestaña "comentarios" del artículo en cuestión) de un lector que cuestionaba mi visión sobre la legalidad republicana aduciendo que la II República era ilegal dado que fue instaurada tras unas elecciones municipales y no presidenciales. "Sería igual que si tras las proximas elecciones municipales ganase el PP y por este motivo se nombrase a Rajoy presidente", dice nuestro amigo.

Bien. Primero, decir que no se pueden juzgar los acontecimientos del pasado con los ojos del presente. Cada hecho histórico pertenece a su tiempo, a su lugar y a su contexto social, político y económico, y bajo tales circunstancias debe ser siempre juzgado.

En caso de no actuar así se corre el peligro de cometer errores como decir que Isabel la Católica era franquista, por ejemplo.

Sí, cosas como esa he oído yo. Y peores también.

La misión de un historiador consiste en ofrecer una visión rigurosa sobre el pasado que sirva de guía a la sociedad para construir su presente y su futuro.

Pero esa visión del pasado no es única, puede ser rebatida o enriquecida con nuevos argumentos, siempre que éstos se asienten sobre unas fuentes palpables y verificables.

Con este galimatías quiero decir que discrepo con la visión de la II República como régimen fracasado e ilegítimo. Me parece completamente absurdo. Y diré por qué:

Primero: porque el régimen anterior, tras la dictadura de Primo de Rivera (que era ilegal ya que rompía el orden constitucional de entonces), carecía de toda legitimidad.

Segundo: porque, a lo sumo, lo que debía hacer el régimen constitucional de Alfonso XIII es tratar de recuperar esa legitimidad perdida, pero esto es justamente lo que no se produjo merced a las elecciones del 12 de abril.

El argumento de la ilegitimidad republicana es, de nuevo, en sí mismo, absurdo y extemporáneo, ya que hasta el propio Alfonso XIII admitió el carácter plebiscitario que había tomado la consulta del 12 de abril (precisamente por eso se fue al exilio). Y nadie, ni el mismo Sanjurjo, quiso intervenir (al menos en ese instante) contra lo que todo el mundo (y toda la historiografía, menos Ricardo de la Cierva) consideraba una clara manifestación de la voluntad popular.

Sobre la segunda pregunta de nuestro lector: No, Largo Caballero no fue nunca un adalid de la democracia liberal. Pero también hay que juzgar a Largo Caballero en su contexto: y es que, en la década de los 30 del siglo pasado, las democracias europeas estaban demostrando ser de todo menos fiables: con su política de apaciguamiento, Francia e Inglaterra no hacían sino animar a Hitler, quien, a la postre, demostró ser el auténtico enemigo a batir, aparte de Stalin y sus verdaderos horrores. Y el Pacto de No Intervención no hizo más que empeorar la situación. De hecho el Pacto de No Intervención pronto sería conocido por la izquierda europea del momento como el Pacto de No (querer ver la) Intervención; concretamente la intervención de Hitler y Mussolini. Este hecho fue lo que provocó que al gobierno de la República no le quedase más remedio que jugar la carta rusa. Y, en este contexto nacional e internacional, no es extraño que causas como la de Largo Caballero ganasen adeptos en plena Guerra Civil. Adeptos desesperados que se sintieron terriblemente atemorizados al ver cómo las demorcracias liberales europeas abandonaban a la República, ante lo cual no les quedó más remedio que entregarse a la causa marxista o anarquista.

Y, por cierto, la estatua a Largo Caballero está dedicada en cuanto a que fue Ministro de Trabajo y Previsión Social. Y te aseguro que durante su ministerio, la clase obrera fue dotada con la legislación más progresista hasta entonces: se legalizaron las asociaciones obreras y todas sus actividades, mediante el Decreto de Inspección del Trabajo trató de protegerse a los obreros de los abusos a que eran sometidos en las fábricas, se aprobó la Ley de Subsidios por Accidentes de Trabajo, se estableció la jornada laboral de 8 horas para el campesinado, se prohibió el empleo de todos los trabajadores que vivieran fuera del municipio en donde estaban enclavadas las fincas mientras todos los trabajadores de ese municipio no hubieran obtenido trabajo. La legislación de Largo Caballero, además, provocó la casi duplicación de los salarios en el sur de España durante el primer bienio republicano (Octavio Ruiz Manjón-Cabeza, La Segunda República y la Guerra. No sé de qué año es, lo siento). En resumen, como Ministro de Trabajo Francisco Caballero logró mucho más para el movimiento obrero que todo lo que se hizo durante la monarquía de Alfonso XIII o las dictaduras de Primo de Rivera y Franco. Y, sólo por eso, Francisco Largo Caballero sí se merece una estatua.

De modo que la República, al parecer de la gran mayoría de los historiadores nacionales e internacionales, no fue para nada ilegal. Al contrario: fue el régimen legítimo de España. Y no es que fracasó, es que la hicieron fracasar. La hicieron fracasar por un golpe de Estado, éste sí completamente ilegal, perpetrado el 18 de julio de 1936. Un golpe cuyas consecuencias continuaron aún mucho después de acabada la guerra en 1939, con la represión franquista.

Podéis leer, si queréis, el último libro de Paul Preston El Holocausto español, Debate, Barcelona 2011. En este libro se repasa también pormenorizadamente la brutal represión republicana, así que no es nada partidista.

Pero como a mi habrá quien no me crea nada (o poco) de lo que acabo de decir, sugiero, si os apetece, que leáis la trilogía que le ha dedicado a la II República Ángel Viñas, reputado y solvente historiador. También podéis leer a Paul Preston, Gabriel Jackson, Ángel Bahamonde o Ismael Saz Campos, todos ellos reconocidos historiadores.

6 comentarios:

COLABORADORES dijo...

He descubierto vuestro blog por la red. Y quería invitaros a conocer la revista Utopía. La revista Utopía (http://revista-utopia.blogspot.com/) es una revista cuyo objetivo fundamental es escuchar un discurso diferente. En ella participan multitud de colectivos y grupos sociales que desean expresar su opinión sobre el mundo actual. Si estáis interesados en participar con nosotros podéis hacerlo a través del correo electrónico martinostios@hotmail.com. Enhorabuena por vuestro trabajo.

Desde la razón dijo...

la II República no hizo daño a nadie, y si fue proclamada por el pueblo es legítima, Franco, sin embargo si que hizo daño.

Anónimo dijo...

No se trata de que haga "daño" o no, se trata de que no fue legítima. No se puede nombrar en nuevo gobierno por los resultados de unas elecciones municipales, sino por unas elecciones generales. Además, hay que añadir que el gobierno de izquierdas, que se nombró a sí mismo tras éstas elecciones municipales, nunca publicó los resultados. Un tiempo después, en 1932, los resultados fueron publicados extraoficialmente y tampoco era verdad que hubieran ganado las izquierdas, sino las derechas. Osea, fue un gobierno ilegal, con censura en prensa, represión de todo aquel que no opinara como la República, etc...solo hay que ir a las portadas de los periódicos de la época.

Edit Moreno dijo...

Varias puntualizaciones:
1. La República pretendió instaurarse por medio del Pacto de San Sebastián, que todo el mundo sabe era un golpe de Estado. En este sentido, legitimidad cero.
2. La República no se eligió sino se proclamó en unas elecciones municipales, aprovechando la tibieza y la falta de convicción de la monarquía. Las candidaduras monárquicas, no obstante, casi cuadruplicaron a las republicanas. Legitimidad, de nuevo, cero.
3. En las elecciones del 36, en las que salió victorioso el Frente Popular, no se llegó al recuento del 100% de los votos, amén de testimonios que denunciaban pucherazo. Ni ápice de legitimidad.
4. Y, ahora, una opinión muy personal: un régimen que nace de esta forma y se desarrolla con un descontrol y desgobierno que provoca más de un millar de muertos en menos de seis años, no puede ser legítimo. En situaciones así es cuando hace falta un golpe de Estado.
5. En relación a Largo Caballero, discrepo. Sus medidas fueron vanguardistas y muy progresistas, pero los obreros gozaron de más prestaciones y estabilidad con las medidas falangistas de la era azul franquista.

Saludos.

Anónimo dijo...

Donde fue todo el oro de las reserva de España?????....preguntenle al sr. Largo Caballero.

Anónimo dijo...

Entiendo entonces que : si el Rey de España abdicara y se fuera del país junto a su familia, ¿ en las proximas elecciones municipales cuaquiera podría proclamarse "vencedor" sin, ni siquiera,realizar un recuento y asumir el gobierno del pais????????. La segunda república fué un FRAUDE