lunes, 28 de febrero de 2011

¿Es España un país extraño?

Para quien aún no lo sepa, yo estudio Historia. Historia del Mundo en general, pero también Historia de España. Estos días nos hemos estado replanteando la visión tradicional de la Historia de la España contemporánea que se ha dado en los últimos tiempos. Me refiero a la tradicional visión de atraso, fracaso absoluto, que se ha venido dando para explicar el siglo XIX de nuestro país. Y no sólo el XIX, sino también nuestro propio presente.

El caso es que, personalmente, las clases que he dado estos días me han resultado bastante interesantes y quisiera compartirlas con vosotros. Al menos, con quien le interese la Historia.

Así pues, con este artículo comienza una serie de unos pocos escritos en los que iremos revisando esa opinión un tanto pesimista, catastrófica quizás, que se tiene de la Historia de la España contemporánea.

Por supuesto, no todos los artículos que vengan después de este irán de lo mismo. Seguiré escribiendo al mismo tiempo sobre otras cosas que nada tengan que ver con la Historia. Ya sabéis que yo soy muy variado.

En fin, vamos a lo que nos toca hoy. Espero no aburriros demasiado...

Comencemos por el principio:

La idea básica que ha sostenido durante años la historiografía tradicional es que, a finales del siglo XIX, desde el célebre Desastre del 98, España estaba atrasada en todos los órdenes. En España, se decía, no hubo una revolución burguesa, como sí la hubo en Francia (nos referimos a la famosa Revolución Francesa de 1789); en España fracasó también la revolución industrial, como la que sí se dio en Inglaterra. Incluso se llegó a decir que España había fracasado nacionalmente, que no se había construido una nación con todos los españoles perfectamente identificados con su patria. La idea, pues, era que los españoles no estaban suficientemente nacionalizados, por así decirlo.

No obstante, esa visión catastrófica de España ha cambiado hoy bastante. Actualmente tiende a pensarse que sí hubo en nuestro país una revolución burguesa, aunque quizá sería mejor definirla como revolución liberal, que en muchos aspectos fue verdaderamente radical. Esta revolución tuvo efectos sociales completamente revolucionarios, dio paso a una sociedad burguesa y, en aquellos momentos, la economía española (agricultura, industria, etc.) no estaba, de ningún modo, estancada. Todo lo contrario: se alimentó, gracias al desarrollo de la agricultura, a un número creciente de españoles; desaparecieron las crisis de subsistencia y la agricultura creció (desigualmente, pero creció). Las críticas a este aspecto suelen ser que la industria sólo creció en algunas zonas de España como Cataluña y el País Vasco, pero si nos fijamos en el caso inglés, por ejemplo, veremos que el gran foco de desarrollo industrial inglés fue Glasgow, mientras que Escocia, que estaba al norte, quedó bastante estancada. Siguiendo con el caso español, podemos decir que Valencia también fue un importante foco de desarrollo de la industria (cerámica en Castellón calzado y juguetes en Alicante). De hecho, Valencia era la tercera provincia industrial del país en el año 1900.

Por consiguiente, ya no se habla de fracaso, sino que prefiere hablarse de crecimiento con cierto retraso. Si repasamos la evolución económica española desde el año 1900 hasta el año 1975 lo que vamos a apreciar, y ésta es la idea que cabe retener, es que la economía española crece. Lo que pasa es que las economías europeas, como la inglesa o la alemana, crecen mucho más, lo cual provoca que se vaya abriendo una distancia creciente en la evolución de la economía española con respecto a las economías europeas de los países más avanzados del continente europeo. De 1900 a 1935 la economía española crece bastante y la distancia con el resto de las economías europeas se acorta, de forma sensible pero sostenida. Después, de 1935 a 1950 las distancias entre la economía española y las europeas vuelve a ampliarse, y de 1950 a 1975 la economía española vuelve a crecer y de nuevo se acortan las instancias. Así pues, puede verse como la economía española no se estanca, sino que lo que sufre es un retraso relativo y cierta recuperación, pequeña, pero paulatina y sostenida, de las distancias con las economías europeas.

Esto que acabamos de decir se puede apreciar de muchas formas, y es que, por ejemplo, el número de ciudades españolas con más de 100.000 habitantes se duplica entre 1900 y 1935 (la población de Barcelona y Madrid se duplica durante esos años), en esos mismos años el índice de analfabetismo se reduce a la mitad, las clases medias crecen. E incluso crece la media de altura de la población, lo cual indica una mejora de la alimentación, y esto sugiere un mayor bienestar económico.

En lo que se refiere a la cultura, no se puede hablar, de ningún modo, de declive en el caso español. Todo lo contrario: durante el período 1900-1935 se desarrolla en España una cultura moderna, laica. Así, nos referimos a este período como la Edad de plata de la cultura española, con sus famosas tres generaciones literarias (1898, 1914 y 1927) Los noventayochistas como Miguel de Unamuno o Pío Baroja; los de la Generación del 14, Ortega y Gasset o el propio Manuel Azaña; o los de la Generación del 27 como Federico García Lorca o Miguel Hernández, llamado “el poeta del pueblo”, por citar sólo algunos autores del período, pues la nómina es inagotable. Todos ellos y otros muchos escribieron las mejores letras de la literatura española desde el Siglo de Oro. No nos olvidemos tampoco de la creación de la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876, baluarte de la enseñanza moderna y laica y en la que se formaron destacados intelectuales, como el poeta y escritor Juan Ramón Jiménez, que recibió el Premio Nobel de Literatura en su exilio en San Juan de Puerto Rico en 1956.

Por no hablar de la ciencia en el mismo período, con la concesión del Premio Nobel de Medicina a Santiago Ramón y Cajal en 1906. Aunque en aquel momento en realidad la concesión del prestigioso galardón sólo significaba una luminaria aislada surgida del esfuerzo individual, los hechos posteriores demostraron que representaba un síntoma de la renovación científica de España del primer tercio del siglo XX, y que conscientemente se intentaba construir la nación mediante el progreso.

Volviendo al ámbito económico, entre 1910 y 1935 la proporción de la mano de obra empleada en la agricultura desciende 21 puntos, concretamente del 66 al 45%. Entre 1950 y 1975 el índice de la población activa en la agricultura hasta desciende del 50% al 24%; es decir, en 25 años este porcentaje se ha reducido casi a la mitad.

La teoría del péndulo.

Sobre esta teoría se desarrolló hace una década la llamada polémica sobre la normalidad española: ¿Era España un país normal? ¿Encajaba o no España en Europa? Esta teoría, además, coincidió con la llegada al poder del Partido Popular en los 90.

La polémica defendía que España había sido siempre normal. En el siglo XIX, en la época de la Restauración española, la mayoría de los países europeos tenían regímenes liberal-oligárquicos, no democráticos. Éste énfasis en la normalidad española tenía algunos problemas, por ejemplo, ¿cómo explicar entonces dos dictaduras en el siglo XX y una guerra civil? O se plantea otra vez la cuestión nacional: ¿Cómo explicar la pervivencia de los nacionalismos alternativos al español, como el catalán o el vasco?

Además, y esta parece ser la clave, la teoría de la normalidad española presentaba esa “normalidad” como sinónimo de “homologación” con el resto de Europa. Y ese es el problema: pensar que normalidad es igual a homologación, como si Europa hubiera sido siempre un paraíso ideal, como si no hubiese tenido problemas, como si el fascismo o el nazismo no hubiesen existido jamás. En la medida en que este discurso triunfalista está más del lado de los sectores más conservadores de la historiografía o de la derecha social o política, ¿cómo reaccionan los historiadores? Es lo que Ismael Saz llama la “construcción radical-democrática”, es decir, cuando se acentúa el énfasis conservador, la respuesta que observamos es la acentuación de una perspectiva radical. La perspectiva que antaño había subrayado aquella idea de fracaso de la revolución burguesa, que hablaba del fracaso de la revolución industrial y del fracaso de la afirmación nacional, con sus correspondientes supervivencias feudales. Esta afirmación presenta como culpable a la oligarquía financiera y la aristocracia terrateniente, que es la que bloquea la posibilidad democrática, que es también la que ofrece resistencias a los avances sociales y que, cuando llega la República, la hace inviable con su oposición, siendo esto lo que provoca la Guerra Civil que, a su vez, conduce el franquismo.

Bien, ahora ya nadie sostiene esto, pero de alguna forma esto mismo se reintroduce. Esto no quiere decir que en España no se diera una revolución burguesa o una revolución industrial, pero el liberalismo español en el siglo XIX había sido débil frente a la fuerza popular del carlismo, había una presencia desorbitada de los militares en la vida política, lo cual escenificaba una debilidad civil y de la burguesía. Había habido un catolicismo obsoleto, brutal, responsable del atraso cultural, España era un Estado muy centralista, pero a la vez con muy poca capacidad de nacionalización de los ciudadanos. Y así, con una derecha arcaica y montaraz, de alguna forma se podía volver a explicar el hecho de que se llegase a una guerra civil y a la dictadura franquista. Así pues, como hemos dicho al principio, se vuelve de nuevo a la teoría de la continuidad negativa de la Historia de España.

Por su parte, la propia visión liberal-conservadora, que Ismael Saz llama el “paréntesis”, introducía el sesgo contrario: el conservadurismo defendía que todo es normal en la Historia de España, la Restauración era normal, el régimen liberal-democrático era normal, funcionaba bien. Había cierto atraso económico-político-social, pero no era determinante. No obstante, siempre bajo la óptica de la visión liberal-conservadora, sí que había una cierta falta de movilización social, era la sociedad la que estaba poco movilizada.

(Obsérvese cómo, para la visión liberal-conservadora, la excusa de la sociedad es estupenda: cuando algo va mal la culpa es de la sociedad; sin embargo, cuando las cosas van bien es gracias a las élites gobernantes, que lo hacen todo estupendamente).

Así pues, según la teoría conservadora, el problema de España es culpa de la sociedad, que está poco movilizada, y es culpa la izquierda, que era deficiente, débil y radicalizada. Y este hecho, unido al error fatal del rey Alfonso XIII de avalar la dictadura de Primo de Rivera, condujo a la instauración de República, que fue un proceso de radicalización creciente.

Esto lleva a algunos historiadores a decir, como Stanley G. Payne, que en 1936 la República ya no era una democracia. Es por culpa de esta espiral de radicalización que se llega a la Guerra Civil y después viene franquismo y, a partir de 1975, se vuelve a la normalidad. Así pues, a partir de 1976 España ha solucionado todos sus problemas, ya que la izquierda no es tan radical como antes y la derecha, impoluta, simplemente enlaza con la derecha del sistema liberal de la Restauración, que era perfectamente normal. Por consiguiente, según la visión conservadora, la derecha no tiene nada que ver con lo que sucedió en el franquismo.

Ambos enfoques se pueden discutir. La primera crítica que podríamos hacer es que, de alguna forma, el paradigma del fracaso que se rechaza por las dos partes es reintroducido de nuevo. Así, por parte de la izquierda, esa idea de fracaso se reintroduce por la vía del militarismo decimonónico, de la derecha montaraz, de la Iglesia como institución absolutamente obsoleta, etc. y desde la perspectiva conservadora, de derecha, esta concepción del fracaso español se reintroduce allí donde interesa: lo que estaba atrasado era la sociedad.

No obstante, como hemos dicho, cabría discutir ambos enfoques.

Lo cierto es que a finales del siglo XIX la cultura española no estaba ni mucho menos controlada por la Iglesia. Al contrario, la cultura española de la Edad de plata fue fundamentalmente laica y secular. La mayoría de los literatos españoles del momento no eran católicos practicantes, sino laicos y seculares.

También se habla de la fuerza popular que tenía el carlismo frente a un liberalismo que se suponía débil. Y sí, el carlismo tenía bastante apoyo popular, pero ¿dónde? ¿En toda España? No. Lo cierto es que los liberales ganaron todas las guerras civiles y los carlistas las perdieron. Es más, los carlistas jamás conquistaron ninguna capital de provincia, ni siquiera en el País Vasco o Navarra.

El carlismo, como hemos dicho, sólo tenía núcleos fuertes en Navarra, en el País Vasco, en algunas zonas del País Valenciano, en el Maestrazgo, pero no más. El carlismo nunca fue más fuerte que el liberalismo decimonónico. Jamás.

Así pues, el problema es la perspectiva de la norma; es decir, ¿hay anormalidades con respecto al resto de los europeos por cuestiones de atraso? ¿O todo ha ido bien, salvo un pequeño paréntesis? La respuesta a estas preguntas es muy sencilla: los españoles no podemos ser ni normales ni anormales, sencillamente porque no hay una norma europea, y si no existe una norma no se puede ser más anormal o menos. Europa no es idílica. Si lo fuera ¿dónde dejaríamos al nazismo, al fascismo, a la Francia de Vichy, que tanto se pareció a la dictadura franquista? ¿Dónde dejamos a la Segunda Guerra Mundial?

Y si hablamos de la cuestión nacional (España débilmente nacionalizada, los nacionalismos alternativos al español tiene mucha fuerza, etc.), lo cierto es que España es uno de los escasos países europeos que no ha perdido a lo largo de los siglos XIX y XX ni un centímetro cuadrado de territorio. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de otras naciones europeas que se creen bien consolidadas, como las disputas entre Francia y Alemania por los territorios de Alsacia y Lorena, que han sido constantes a lo largo de estos años. Noruega, por su parte, se separó de Suecia; Irlanda del Reino Unido, y el nacionalismo escocés es incluso más independentista que, por ejemplo, el catalán. Es decir, la cuestión nacional no sirve para calibrar una supuesta anormalidad de España.

Así pues, los que sostienen la teoría del desastre español se preguntan “¿por qué en España no triunfó la democracia y en Europa sí?” Y ellos mismos se responden: “porque España en un país atrasado”. Pero lo cierto es que prácticamente todas las democracias europeas se hundieron durante los años 30. O se preguntan: "¿por qué triunfó el fascismo en España, como en Italia o Alemania?" Otra vez: “Porque España era un país atrasado”. Como se ve, la teoría catastrofista vale para lo bueno y para lo malo, con lo cual, lo que interesa retener es que al final esta teoría catastrofista no vale para nada, no explica nada, no sirve para nada.

Lo que debemos retener que la idea de la norma europea no sirve, porque no existe una normalidad europea y, por tanto, no puede haber una normalidad o anormalidad española. Así pues, debemos romper definitivamente con esa anquilosada idea de la normalidad europea y del atraso español. Y es que, como ya dije hace tiempo, España era, y es, un país tan extraño como cualquier otro.



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BAHAMONDE, Ángel; MARTÍNEZ, Jesús A. Historia de España. Siglo XIX Cátedra, Madrid, 2007

BERNECKER, Walter L. España entre tradición y modernidad Siglo XXI Madrid, 1999

SAZ CAMPOS, Ismael Fascismo y franquismo PUV, Valencia, 2004

domingo, 28 de noviembre de 2010

La lágrima de plata

Por la mañana de nuestro último día en la ciudad de los rascacielos me levanté a eso de las 11. No os había contado antes que el matrimonio que nos hospeda tiene una hija, Erika. No os emocionéis, oh, público masculino de esta página, pues la chica no es una veinteañera universitaria, es una médico muy respetable que hace tiempo vive sola.

Así pues, Gus y Cohava han tenido que buscar algo con lo que llenar ese vacío: un gato. Su caso, evidentemente, no es único. Aquí en Nueva York la gente adora a los animales; gatos, perros, y los trata como a sus propios hijos. O mejor. Un vecino de nuestro edificio, de hecho, un hombre joven, saca a pasear a su perra todos los días. Bien, hasta ahí todo normal. Lo que ya no es tan normal es que el tipo la saque hasta la calle ¡en brazos! No sea que la perrita se vaya a lastimar las uñitas...

Bueno, pues Mr. Bear, así se llama el minino de nuestros amigos, no iba a ser menos. Él es el rey de la casa, y no tiene ninguna intención de compartir el trono con nadie (sea de la especie que sea). De hecho, desde que he llegado a esta casa, el gato me ha fichado como un "intruso". Todos los días clava sus felinos ojos en mi...


- ¿Quién eres tú y qué haces en MI casa? - parece estar preguntándome.

Yo mantengo mi posición, impertérrito. Eh, gato, tranquilo. No he venido a invadir tu territorio por la fuerza, yo no soy yanki.

En realidad no nos decimos ni una palabra, no hace falta. Las miradas hablan por sí solas...

En el desayuno, Gus me cuenta más o menos la vida diaria del Señor Oso (traducción literal de Mr. Bear). El gato duerme siempre con ellos, a los pies de su cama. Todos los días, a las 4 de la mañana, el gato despierta a Gus para que le dé de comer. ¡Todos los días a las 4 de la mañana! Además, el gato tiene su propio cuartito para hacer sus necesidades, campa a sus anchas por toda la casa cuando quiere y como quiere, sin rendirle cuentas a nadie... Lo tengo decidido: ¡Yo en mi próxima vida quiero ser gato en Estados Unidos!

Seis días es muy poco tiempo para tomarle el pulso a una ciudad, y más si esa ciudad es Nueva York. El caso es que ese era nuestro último día en la llamada capital del mundo y, curiosamente, no lo íbamos a pasar allí, sino en Nueva Jersey, el Estado que tiene al sur.

Así pues, nos pusimos de camino. Era un trayecto largo, así que me puse a combatir el aburrimiento haciendo experimentos con mi cámara...


Tras un buen rato haciendo otras fotos tontas que luego borraría, Gus nos puso la radio. Quiso tener un detalle con nosotros y nos puso una emisora en español... Tras casi media hora viendo a Chayanne y a Luis Miguel competir por ver quién hacía la canción más cursi, le dije a nuestro amigo que muchísimas gracias por el detalle, pero que prefería escuchar cualquier otra cosa...

Tampoco hizo falta esperar mucho más, porque enseguida llegamos a nuestro destino... Y es que Nueva Jeresey, concretamente la ciudad de Bayonne, alberga un bellísimo monumento dedicado a las víctimas del terrorismo. Se trata del To the Struggle Against World Terrosrism (literalmente "Para la Lucha contra el terrorismo mundial"), que está situado en un pequeño parque de la ciudad, a orillas del río Hudson.

Se trata de una lágrima de acero situada entre las entrañas de una torre de bronce que la sostiene. Ciertamente, es una preciosidad. Pero como una imagen vale más que mil palabras...


Si os gusta la foto, os aseguro que su visión al natural es algo espectacular.

La torre fue construida por el artista Zurab Tsereteli como regalo en nombre del pueblo ruso a los Estados Unidos. Está alineada con la famosa Estatua de la Libertad, que, de hecho, se puede ver desde allí.


Y esto no es algo casual, pues creo que así pretenden equipararla en importancia. Y yo diría que lo han conseguido.

viernes, 29 de octubre de 2010

Zero

No puedo más, lo confieso: he sido infiel.

Sí, concretamente le he sido infiel a mis Choco Krispies, y se los he puesto con el Captain Crunch, que son los cereales que he estado desayunando todos estos días en Nueva York. He cambiado mi arroz chocolateado de toda la vida, tras 21 años de fidelidad ininterrumpida, por unos simples (y deliciosos) copos de miel.

Hoy vamos a ir a ver a un viejo amigo de Gus. Al llamar al asensor nos topamos con un cartelito en la puerta que dice Sabbath Day. Los sábados son sagrados para los judíos, así que han programado el ascensor para que se pare automáticamente en TODOS los pisos, de forma que todo aquel que sea judío practicante y entre en el edificio no tenga que hacer el costosísimo trabajo que supone apretar el botoncito para llamar a ascensor, con lo que cansa eso...

Hemos quedado a las 12 con el tipo en un resturante. Y allí llegamos, puntuales. Me pido un café con leche. Me lo traen. Según he observado, en este país siempre te ponen el café hasta arriba, con lo cual, cuando le quieres poner la leche ya no te queda sitio. Por no hablar de las dotes de equilibrista que tienen que tener los camareros para lograr llevarlo hasta la mesa sin derramar ni una sola gota.

Llega el amigo. Bobby Goldman, se llama. Roberto Hombre de Oro, dice él.

- Es que aprendí un poco de español en el instituto - me cuenta, en inglés.

Y allí estamos: Gus, Bobby, mi padre y el que escribe. Toda la conversación transcurre en inglés, y, como mi padre todavía no se defiende muy bien, hago yo de intérprete. Lo que pasa es que Bobby no habla como Gus. Gus conserva ciertas raíces europeas y su inglés es bastante claro y nítido, perfectamente entendible. Pero el de Bobby Golden no, porque Bobby Golden es 100% yanki, y los yankis hablan todos como si fueran ex fumadores ansiosos mascando siete chicles de nicotina a la vez. Así que me dije: Adrián, tienes que poner en marcha todas tus neuronas. Y ello hice, las cogí a las tres y las puse a trabajar.

Lo cierto es que no tuve apenas dificultades en entender y traducir, todo hay que decirlo. Si te hablan claro y tú pones atención lo demás es bastante fácil. No voy a contaros aquí la conversación porque fue la típica charla entre amigos, así que no tiene mucho interés. Yo me pedí para comer una hamburguesa (¡¿cómo no?!). Y tengo que decir al respecto que he comido otras muchas mejores hamburguesas que esa en España, pero estaba buena. Y Bobby Goldman, un tío muy majo, la verdad.

Luego fuimos a la tristemente conocida Zona Cero (Ground Zero). Antes de venir, había pensado que cuando escribiese este artículo no lo haría de forma muy abundante, sino más bien discreta y con respeto, pues no quería hacer un espectáculo del dolor que supuso, sobre todo para los estadounidenses, el 11 de Septiembre. Pero, aunque hubiera querido escribir mucho sobre el tema, no habría podido porque lo cierto es que no se puede decir gran cosa. La zona cero hoy no es más que un montón de edificios en obras, tal y como podéis ver en la foto.




Aclaración: todo lo que escribo no sucedió el mismo día en que lo cuento, sino uno o varios días antes.

lunes, 25 de octubre de 2010

Un día en Central Park

Olvidaos de todo lo que hayáis visto, porque no se parece en nada. Central Park es un enorme bosque dentro de una ciudad aún más grande que la que os podáis imaginar. Supongo que todo el mundo habrá oído hablar alguna vez de este lugar, en alguna película o quizás en alguna serie. Quien sea forofo de Friends recordará que el bar en el que se reunían Rachel, Joey y toda la peña se llamaba Central Perk, en honor al célebre parque neoyorkino.

Nos pasamos horas caminando por allí. Puedes caminar, puedes alquilar una barca y dar paseos por el enorme lago que hay en medio del parque, el Reservoir Lake. Puedes subir al punto más alto del lugar: unas escaleras que terminan en un pequeño castillo de la primera mitad del siglo XIX. El castillo no me pareció gran cosa, pero las vistas son magníficas.

Central Park es un lugar magnífico si te apetece pasar un día relajado, si te quieres perder... tiene varias cosas curiosas, si eres observador (y si no lo eres, también) acabarás tropezándote con algunas de los cientos de ardillas que como esta pululan por ahí.


Otra cosa que me llamó la atención es que hay muchos bancos a lo largo del parque que están dedicados. Sí, con una placa en honor a alguien. Se supone que aquí tú puedes pagar una cantidad determinada a la entidad que gestiona el parque (que supongo será el Ayuntamiento de Nueva York) y perdirles que coloquen una placa en honor a quien tú quieras.

Luego también hay chavales jugando al béisbol, al baloncesto... En fin, lo normal. Pero lo que más te vas a encontrar por el parque es gente corriendo. A lo largo del día te puedes cruzar con cientos de ellos, de todo tipo. A veces van en grupo, otras veces solos.

De pronto me entró hambre. Así que le dije a Gus (nuestro amigo yanki) que quería comer algo, si fuera posible.

- Por supuesto, ¿qué quieres?

- Me gustaría comer algo que fuese típico de Nueva York.

- ¿Pizza?

- Pero la pizza es típica en todo el mundo. Yo quiero algo que sólo sea popular aquí, comida neoyorkina tradicional.

- ¿Hamburguesa?

- Pero la hamburguesa también es... Bueno, no importa.

Y es que ahí está el asunto. Los yankis no tienen una cosa que puedan llamar "cultura gastronómica estadounidense". Y apenas tienen algo a lo que puedan llamar "cultura". Si os paráis a pensar, Estados Unidos es uno de los pocos países, sino el único, que todavía no cuenta con un Ministerio o una Secretaría de Estado de Cultura. ¿No os resulta curioso?

Bueno, al final acabamos comiendo cada uno un hot-dog, que no es otra cosa que un perrito caliente, es decir, un bocata de pan blando con salchicha, ketchup y mostaza. Bueno, el tipo, en un alarde de creatividad, le puso además un poco de cebolla.

Y después de Central Park fuimos a... ¡Broadway!

Broadway, dicho friamente, no es más que una sucesión ininterrumpida de grandísimos carteles luminosos; pero es impresionante, y eso que sólo lo recorrimos en coche. Todos los lugares te incitan a entrar, a imaginar, a vivir... Te deja K.O. por un instante.


Para terminar el día, nuestros amigos nos invitaron a cenar a un restaurante chino. Es cierto eso que dicen de que la comida china es muy distinta dependiendo del país en el que estés, pues está adaptada a los gustos de las gentes de cada lugar. Así, la comida china yanki es mucho más abundante, más condimentada. Estaba riquísima. Sólo tuvo una pega: el arroz, que no sabía si comérmelo o usarlo como balón de fútbol. Aunque también podría haberlo cortado en cachitos y jugar al tetris. En realidad era un arroz con muchas ventajas, era un arroz multifunción.

Se me olvidó contaos una conversación que tuve con Gus y Cohava esa mañana en el desayuno. Hablábamos de nuevo de la sanidad, la educación, etc. ¿os acordáis de cómo Cohava me contó que aquí la educación es carísima, que si tenías tres hijos sólo podías pensar en enviar uno o ninguno a la Universidad? Le pregunté a Gus cómo era eso posible, le dije, como ya había mencionado antes, que, en España, el Estado corre con la mayoría de los gastos de la Universidad pública y que los estudiantes sólo hemos de pagar una relativamente pequeña parte (y eso si además no te conceden una beca).

Por lo que creí entender, y según la idea que yo me formé, en Estados Unidos impera el siguiente sistema: si quieres algo, cúrratelo tú mismo; si trabajas, serás recompensado, pero aquí nadie va a regalarte nada. Es decir, do it yourself, háztelo tú mismo.

Margaret Tatcher decía que los Estados de Bienestar europeos sólo crean ciudadanos vagos. Es decir, hay gente que, como sabe que el Estado le cubre las necesidades básicas (atención sanitaria, educación, subsistencia...), se dedica a vivir del cuento.

Fue así como en los años 80 dio comienzo, sobre todo en Gran Bretaña y en Estados Unidos con Reagan, la oleada de políticas neoliberales de privatización o semiprivatización de los servicios públicos del Estado de Bienestar.

Y no creo que nosotros debiéramos permitir que esto pase en España o Europa, porque es cierto que hay personas que sólo se dedican a vivir del Estado, pero también es cierto que son una ínfima minoría. Y no deberíamos dejar que la gente honrada y trabajadora pagase la culpa de unos pocos.

¿A vosotros qué os parece? ¿Qué opinais?

sábado, 23 de octubre de 2010

Lucy

Hubo alguna cosa que no comenté ayer. No os hablé de los terribles controles del aeropuerto para detectar terroristas, de los humillantes escáneres que te dejan desnudo a los ojos de unos cuantos guardias voyeurs... Pues bien, no os hablé de nada de ello porque no pasó nada de ello. Absolutamente nada. Yo me esperaba que ahora las medidas de seguridad fuesen mucho más extremas, pero lo cierto es que no han variado en nada. Igual que siempre, me hicieron pasar por el arco detector de metales, nos hicieron pasar las maletas por los típicos rayos X. Vamos, lo típico. La única salvedad quizá sería que al entrar en Estados Unidos te fichan. A mí me tocó un funcionario con apellido hispano que no hablaba ni jota de español. Me tomó las huellas dactilares de los cinco dedos de las dos manos, me hizo una foto donde salí con cara muy seria (como todos) y me preguntó cuántas veces he venido a Estados Unidos, cuándo fue la última vez que vine y cuántos días pienso quedarme. Y eso es todo.

Después, como os dije, Cohava, la mujer de Gus, nos recibió con una estupenda cena (además de la cena que nos dieron en el avión, no os olvidéis). Es lo que tiene r
obarle horas al día, que cenas dos veces. Y es que ahora mismo aquí hay 6 horas menos de diferencia con respecto a España.

Al día siguiente me levanto ¡a las 8 de la mañana! ¡Creo que es la primera vez que me levanto por voluntad propia a semejantes horas! No creo que madrugase tanto a menos que me amenazasen con, no sé, destrozar mi ordenador portatil quizás.

-¡Adrián, o te levantas ahora mismo o tiro tu ordenador por la ventana!

Entonces posiblemente me levantaría rápido... Aunque no estoy del todo seguro.

Y cómo son los desayunos aquí, señores, nada que ver. Aquí comen hasta hartarse: huevos fritos, chorizo, cruasanes, leche, cereales... Yo sólo me tomé las dos últimas cosas con un poquito de Nesquik. Esa es una de las cosas que tiene la globalización, que te encuentras de todo en todas partes... Eso sí, aquí el Nesquik no lo venden en polvo, sino en sirope. Ay, cuánto hecho de menos mi colacao...

Estuve hablando con Cohava. Me preguntó acerca de la Universidad en España, si es muy cara. Le contesté que todo depende de si se trata de una Universidad pública o privada, que la Universidad pública (a nadie se le olvide que la Universidad de Valencia es pública) es relativamente barata porque el Estado corre con la mayoría de los gastos. Ella no se lo podía creer ¿Really? decía; Yes, seriosly, contesté yo. Me contó Cohava que aquí la Universidad cuesta un dineral, miles de dólares al año. Hasta el punto de que si tienes tres hijos, probablemente sólo puedas enviar a la Universidad a uno, o ninguno.

Luego fuimos al Museo de Historia Natural de Nueva York. Es enooooooorme, y tiene todo lo que os podáis imaginar y mucho más. Vimos esqueletos de decenas de dinosaurios. Es curioso, porque la mayoría de estos bichos tenían cuerpos enormes pero cabezas muy pequeñas

Pero hubo algo que me llamó mucho más la atención de los dinosaurios: una chica de rostro angelical que estaba sentada dibujando, supongo, uno de los esqueletos del museo. Qué bonita, hubiese querido sentarme en frente y dibujarla a ella... si yo supiera dibujar, claro.

Luego, también fuimos a la planta dedicada a los orígenes del ser humano. Y ahí vimos una cosa que hará morirse de envidia a los amantes de la Prehistoria (que no es mi caso). Vimos el auténtico cuerpo de Lucy, uno de los primeros homínidos del linaje humano un Australopithecus Apharensis (o Anamensis, la verdad es que no me acuerdo)



El caso es que siempre hay una foto de Lucy en todos los manuales de Prehistoria del mundo, incluido en el de Barandiarán. Y vimos algunas cosas más, pero no os las voy a contar aquí porque se haría muy largo. Pero lo que os puedo asegurar sin lugar a dudas es que el Museo de Historia Natural es visita obligada si vienes a Nueva York.

Y estuvimos ahí 5 horas metidos, así que se nos echó la tarde encima. Y aquí anochece muy pronto y a las 8 la gente ya está cenando.

Se me olvidó deciros que esta familia vive en una comunidad con bastantes comodidades; viven en un octavo (en la foto, las vistas del patio interior desde arriba) y la comunidad incluye un gimnasio, un cuarto de juegos para niños... y un balneario que ríete tú de Marina d'Or, chaval. Así que antes de cenar fui al balneario a hacer unos largos. De eso no tengo fotos, lo siento.

Después de cenar, vimos una peli de Jhonny Depp, Public enemies, que nuestros amigos tuvieron la gentileza de ponérnosla en español, a pesar de que yo insistí en que no nos importaba verla en versión original subtitulada. No os podéis imaginar lo que es ver a Jhonny Depp haciendo de tipo duro mientras dice... ¡Vamos, ándale wey y deja de desir chingadas!

viernes, 22 de octubre de 2010

New York, New York


No tengo el reloj delante, pero creo que aquí son algo así como las 10 y pico de la mañana. Estoy en Nueva York. Sí, así es, lo juro. Haré fotos que lo demuestren. ¿Os acordáis de esos flasbacks que salen a veces en las películas y dicen "unas horas antes" o "unos días antes"? Pues nosotros vamos a ir un momento a ayer, día 21 de octubre. Concretamente a las 8 de la mañana, la hora en que me levanté.

No hizo falta ni que sonase el despertador, estoy tan nervioso que me despierto antes (y es que uno no cambia de continente todos los días, no es como ir a clase). A las 10:30 ya estamos en Manises (hace años que no pisaba este aeropuerto...) y a las 13:30 sale el avión hacia Madrid-Barajas. Es increíble lo poquísimo que tardamos en llegar ¡a penas 40 minutos! Pero a ello tienes que sumarle todo lo que se tarda en hacer el checking, el waiting y todos esos coñazos que acaban en ing. Total, que si viajas a Madrid en avión te tiras muchísimo más tiempo en el aeropuerto (horas) que en el propio vuelo. Vamos, que no compensa. Mejor cogeos el AVE (que parece que por fin lo vamos a tener ¡ya era hora! Mejor para Camps, que así se podrá apuntar él el tanto).

Llegamos a Barajas a las 14:30, con un poco de retraso, así que no da tiempo para nada, tenemos que cruzar rápidamente de punta a punta esa miniciudad que es la T4; que, por cierto, es una preciosidad de sitio. Pero, tranquilos, hay un minimetro que nos lleva de un lado a otro ¡Bien!

Llegamos a nuestra terminal. Eestaba toda llena de yankis (para quien no lo sepa, en España solemos llamar así a los estadounidenses). Me llamó la atención (¿y a quién no?) una mujer de proporciones más que exorbitantes que llevaba una camiseta que decía I love Obama. Ella lo dejaba bien claro, por si a alguien le cabía alguna duda.

Subimos al avión. Son las 5 de la tarde y nos esperan 8 horas y media de vuelo. Mi padre ha reservado los asientos en el medio, junto al pasillo, para poder entrar y salir sin molestar a nadie. Una decisión muy sabia.

Así que aquí estamos, sentados. A nuestro lado tenemos a un chico y una chica, españoles, valencianos para más señas. Me gustó. Qué bien, así me siento como en casa, pensé. Creí que eran pareja (hoy en día te puedes encontrar de todo, así que no me pareció extraño dada la juventud de ambos). Pero no, luego descubro que son padre e hija. Ella rondaría los veinti y pico y él lo cierto es que no parecía mucho más mayor, no sé qué edad tendría. De todas formas eso no importa, porque no hablamos nada en todo el viaje.

A todo esto, volamos con Iberia, por si no lo había dicho antes, (que los yankis, por cierto, llaman Aibiria). Antes de despegar, las azafatas se convierten momentáneamente en mimos y nos explican, con cara de estar un poco hartas de haberlo hecho tantísimas veces, las normas de seguridad. Y nos piden que nos leamos el folleto ese que nunca nadie se lee sobre las normas de seguridad complementarias ¿Alguna vez alguien se lo ha leído?

El avión se coloca en cola para el despegue. Yo me preparo, siempre me ha gustado ese momento en que el avión se separa de la tierra y tú dejas de sentir el suelo. El avión avanza tranquilo, va tomando su posición. Se para. Espera a que la torre de control le dé permiso para despegar. La torre hace lo propio. De pronto el piloto es poseído por el espíritu de Fernando Alonso y comienza a acelerar. Acelera, va tan rápido que la inercia te echa para atrás.......... El avión despega.

8 horas por delante. Por suerte voy equipado con libros, mp3 y toda la pesca. De hecho, me saco mi libro de Gabriele Ranzato, El pasado de bronce, la Guerra Civil y su influencia en la España democrática que me tengo que leer para Tendencias Historiográficas Actuales de Contemporánea y las dos o tres horas siguientes se me pasan volando (nunca mejor dicho) hasta que nos dan de cenar.

No es cierta la leyenda esa de que se come mal en los aviones, yo al menos comí bastante bien. El pequeño pero no por ello menos sabroso menú consiste en unos tortellinni con queso y tomate, una pequeña ensalada, pan, lo que quieras para beber (en mi caso un zumo de naranja) y una tarta de queso y frambuesa.

Luego nos ofrecieron prensa gratuita, escogí mi periódico, pero no pude hacer mucho más, apenas empecé a leer me quedé frito ¡Y me desperté sólo una horita antes de llegar! Justo a tiempo para que nos dieran lo que los pijos llaman un refrigerio, que no es otra cosa que algo frío para beber antes de llegar a nuestro destino.

Llegamos a las 20:00 hora neoyorkina, 2:00 am hora española (1:00 en Canarias). Allí nos esperaba nuestro amigo, Gus (de Gustav, Gustavo para los amigos), que es una bellísima persona a quien yo no veía desde hace 10 años. Adoro a ese hombre, de no ser por él y su mujer quizá no vendría a un país como Estados Unidos.

Gus nos lleva hasta su casa a través de Queens y Manhattan. Es una pasada verlo de noche, todo iluminado, es inmenso, es indescriptible. Llegamos a casa de Gus. Su mujer, Cohava, que es maravillosa, nos abre la puerta y yo me lanzo a darle un enorme abrazo. Hacía 10 años que no la veía.

Nos tienen una cena preparada, no me lo esperaba. Todo muy abundante, muy al estilo yanki. Cuando no tengo que decir nada o hacer de intérprete para mi padre me dedico a curiosear un momento las etiquetas de los productos.

Después de cenar salgo un momento a su terraza. Desde ahí puedo ver, no muy lejos, el famoso Empire State Building, todo iluminado rodeado por el resto de rascacielos de Manhattan.


Es difícil decir qué se siente, es algo muy diferente a cualquier ciudad española, o incluso europea. No sé decir qué sentí, pero fue precioso.

Nos fuimos a dormir prontísimo. a eso de las 11. Y mañana os cuento más, lo prometo, porque mi padre me está llamando desesperado.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Vuelvo (¡para quedarme!) tras unas largas vacaciones...

Empieza el nuevo curso y, después de 6 meses sin pisar por aquí (sí, me tomo las vacaciones con mucha calma...) volveremos en unos días con energías renovadas ¡y más después de ver con gran sorpresa que tengo una seguidora nueva que no conozco! Así que no os preocupéis, chavales, que el siguiente articulito de Pensamientos en la Red ya está cocinado y a punto. ¡Dentro de nada os lo sirvo en bandeja!

Un beso

sábado, 27 de febrero de 2010

Esto me suena de algo...


Como siempre, hago las críticas a destiempo. Pero las hago, que es lo importante.

Hace ya unas semanitas fui a ver la muy comentada Avatar y en el momento de escribir estas líneas todavía no tengo una opinión de la película, de modo que lo que salga a partir de aquí será una sorpresa hasta para mi.

De Avatar se pueden decir (y se han dicho) muchas cosas. Un listo con ganas de sacar tajada la ha acusado hasta de plagio; no con mucho fundamento, creo yo.

Dejando de lado ese asunto, la película podría verse como una crítica a la política exterior del anterior gobierno estadounidense. De cómo las potencias hegemónicas ejercen su dominación sobre otros Estados más débiles con el objetivo de aprovecharse de sus recursos. De hecho, yo mismo la percibí así en un principio. Pero la idea me desapareció de la cabeza en cuanto supe que el productor del filme es Rubert Murdoch, propietario de News Corp, el conglomerado de empresas de telecomunicaciones más grande del mundo, y un manifiesto conservador, con todas las connotaciones que esa palabra tiene en un país como Estados Unidos. Será que Murdoch anda jugando al despiste...

Podría decirse también que a una película de ciencia-ficción como es Avatar se le podría haber sacado mucho más jugo, que se podría haber hecho algo mucho mejor. Pero Avatar está destinada a un público masivo, está hecha por (y para) un país cuyas gentes se creen el ombligo del mundo y, por lo tanto, no están acostumbrados a pensar demasiado y sí a dejar que otros lo hagan por ellos. Sabiendo esto no sorprende tanto que haya peña tan gilipollas como esta.

Así las cosas, y viendo los más de 1.400 millones de dólares que ha generado la película, no es de extrañar que Murdoch esté presionando a James Cameron para que pise el acelerador y haga la segunda parte.

Avatar nos sitúa en un futuro remoto y cuenta la historia de un ex marine de los Estados Unidos que es reclutado para viajar a un extraño planeta llamado Pandora. Allí, los científicos están extrayendo un preciado mineral que se supone solucionará la crisis energética que en esos momentos vive la tierra. La misión de Sully, así se llama el soldadito, es infiltrarse entre los na'vi, los nativos de Pandora, para después conquistarlos y hacerse con sus preciados recursos. Pero al Sully este de repente le entra conciencia (conciencia que no tenía cuando aceptó su misión) y se enamora de una preciosa pandoreña, Neytiri. Es entonces cuando los remordimientos le machacan y decide ponerse de parte de los na'vi y, juntos, expulsarán a invasores humanos del lugar.

Es una película preciosa, con unos paisajes idílicos. Es todo tan bonito que podrían haberlo hecho los de Disney.

Ah, no, espera, ¡si ya lo hicieron! Se llama Pocahontas. No, no, perdón, no lo hizo Disney, lo hizo Kevin Costner y se llama Bailando con lobos... Y así podría seguir hasta llenar líneas y más líneas, así que lo resumiré: Avatar no es más que muchas películas y a la vez todas la misma. Es una película del oeste. Cambiad a los na'vis por unos apaches y al marine Sully por uno de los vaqueros del siglo XIX (o ingleses del XVII) que pretende conquistarlos, sólo que, por el camino, se enamora. Y así termina Pocahontas. Perdón, quería decir Avatar.

Eso sí, lo que no se le puede negar a la película es que tiene algo que no poseen ninguna de las mencionadas antes: ¡unos efectos especiales alucinantes! De hecho, creo que, si se lleva un Oscar, será ese, el de los mejores efectos especiales. Que, además, se ven amplificados cuando ves la película en 3D. ¡Si parece que vayas a salir volando con los de la peli! ¡Parece que vayas a luchar con ellos! ¡Parece que estés entre ellos!

Sintéticamente: Avatar no plantea nada nuevo, es más de lo mismo. Sólo que con unos personajes y un contexto distintos a los vistos hasta ahora. Y, como ya he dicho antes, tiene unos efectos especiales increíbles. Dicho de otra manera: se puede ver para pasar el rato, pero no esperéis nada más que eso.

Le comenté a un amigo mi impresión sobre la película, le dije que me parecía muy falta de originalidad, y él arguyó que no se le podía achacar algo así por la sencilla razón de que ya no se pueden hacer películas cuyos argumentos no se repitan unos a otros. Habrá algunos otros que lo vean así. No es mi caso. Yo creo que todavía quedan tantas películas originales por hacer como libros originales quedan por escribir.

lunes, 11 de enero de 2010

Historias e historietas

Muchos de mis amigos (amigos y amigas, se entiende) me ponen siempre caras muy raras cuando les hablo de mi carrera. “Menudo coñazo” o “Yo no soportaba la Historia, siempre me dormía en esa clase” suelen ser las respuestas más comunes. Yo antes me quedaba atónito ante tales sentencias, y no fue hasta que comencé la carrera cuando pude hallar una explicación razonable.

Actualmente en el instituto, (tanto en la ESO como en Bachillerato) se concibe la enseñanza de la Historia como la memorización sistemática de datos y fechas, sin explicación ni lógica aparentes. El problema de este sistema es que sus resultados se olvidan tan rápidamente como se adquieren. De poco sirve saberse al dedillo toda la cronología de la Guerra Civil si no se saben explicar, y comprender, las causas que la provocaron.

Esto era sólo un ejemplo, quizá muy sintético, para explicar que, en mi opinión las causas priman sobre los hechos. No se puede entender a ninguna civilización de cualquier momento de la Historia si no se comprenden antes las estructuras mentales que la gobernaban; es decir, cómo pensaban sus gentes, por qué actuaban de una manera y no de otra.

Lo que quiero decir es que los “qué” no sirven de nada si no nos cuentan también los porqués. Esto es algo que, a mi parecer, los docentes de instituto tienen un poco olvidado. Quiero creer que será porque cada profesor ha de ajustarse al temario y a las horas de clase que le imponen los de arriba, los gobiernos, las consejerías de educación y todos esos, ya se sabe. Pero también es verdad que hay profesores que lo único que hacen es sentarse, mandar subrayar a sus alumnos en el libro lo más importante de la lección del día y luego largarse y cobrar a fin de mes. Y eso no es ser profesor.

Hablo con conocimiento de causa: en el instituto yo tuve profesores así. También los tuve buenos, sino probablemente no estaría hoy estudiando Historia. Con esto quiero decir que, evidentemente, siempre hay excepciones.

No son pocas las personalidades que han alzado su voz para alarmar sobre esta cuestión. Ya Pérez-Reverte trató esa cuestión en un artículo, de muy recomendable lectura, dicho sea de paso, y que se titula Permitidme tutearos, imbéciles*[1]. El artículo en cuestión se puede encontrar fácilmente en Internet. Sólo con ver el título, el resto ya promete ¿verdad?

Decía yo al principio que no fue hasta la llegada a la Universidad cuando pude descubrir por qué a mis amigos les aburría tanto la Historia. La respuesta es bien simple: ¡porque no veían nada de lo que se les enseñaba! Lo único que veían era a sus profesores escribiendo fechas en la pizarra o recitando el libro de Historia como discos rayados.

Cuando en clase se habla a los alumnos del Imperio Romano, por ejemplo, de la forma de vivir de sus ciudadanos, de sus casas, sus domus, las cenacula o, para los más adinerados, las villas, sería deseable, y hasta debería ser obligatorio, llevarles a ver las excavaciones de Pompeya y Herculano. Bueno, o a la villa romana de Rótova, que a nosotros nos pilla un poco más cerca.

Esa es la grandeza de la Arqueología: que sólo gracias a ella podemos ver, en el sentido más literal de la palabra, cómo vivían nuestros antepasados, cómo se organizaban, qué comían, cómo se divertían. Sólo así es como la enseñanza de la Historia tiene sentido. Así es como debería enseñarse.

Hay que ofrecer a los estudiantes la posibilidad de ver con sus propios ojos lo que se le enseña en clase, y para eso la Arqueología es un gran aliado. Un profesor no puede distanciarse de su asignatura. No deben enseñar la Historia desde fuera, como algo mecánico, lejano, algo que pasó hace muchos años, que ya no importa, porque si lo hace, los alumnos harán lo mismo. Consecuencia: las clases se convertirán en un coñazo y los alumnos odiarán a sus profesores.

Los docentes deben hacer ver a sus alumnos que el mundo del que se les habla no está tan alejado del nuestro como ellos creen. Que, de una u otra forma, todo lo que tenemos hoy, nuestra forma de vida, nuestras costumbres, es en gran medida heredado de los de entonces. Deberían contarles que muchos aspectos no hemos cambiado tanto. En Roma, a mediados del siglo IV, a pesar del millón y pico de habitantes que la poblaban, sólo contaba con unas 1780 casas privadas. El resto de la gente vivía en apartamentos de alquiler, las cenaculae, construidas en bloques de pisos llamados insulae. Algunos de estos insulae llegaron a tener una altura de 6 ó 7 pisos. Por fuera, estos bloques de viviendas ofrecían un aspecto magnífico, bloques de 300 ó 400 metros cuadrados construidos en varios pisos de altura. No obstante, estaban construidos con materiales baratos y de mala calidad por lo que era normal que estuvieran en constante amenaza de hundimiento o incendios. ¡Vaya, parece que el problema para encontrar una vivienda digna no es algo exclusivo de hoy en día! ¡Y encima vivían de alquiler, como la gran mayoría de los españolitos de a pie!

O también podrían contarles, por ejemplo, que Calígula desposeyó de sus privilegios a varios cónsules durante tres días por haberse olvidado del día de su cumpleaños.[2]

En fin, lo que quiero decir en definitiva es que los profesores deberían de encontrar el modo de hacer la clase no más entretenida, sino también más divertida. Así los alumnos se enamorarían de la asignatura, querrían saber más. Entonces es cuando el profesor ejercería verdaderamente como tal.



[1] Este artículo se puede encontrar en la página web del autor: wwww.capitanalatriste.com así como en su libro Cuando éramos honrados mercenarios, págs. 367-69. Alfaguara, Madrid 2009. Actualmente en las librerías, esta obra recoge una selección de artículos de Arturo Pérez-Reverte publicados entre 2005 y 2009 en su columna semanal Patente de corso.

[2] Para el público profano que desee conocer más a fondo los entresijos de la sociedad romana de época imperial, le recomiendo la serie de libros de Marco Didio Falco, detective (o “informante”, como se les llamaba entonces) y protagonista de una saga de novelas creada por la escritora británica Lindsay Davis y centrada en la Roma del emperador Vespasiano.

domingo, 3 de enero de 2010

Decálogo para el nuevo año


¡¡¡FELIZ AÑO A TODOS!!!

No he publicado nada desde noviembre, y eso es algo que no me puedo perdonar. Es una lástima, porque siempre se me ocurren cosas sobre las que escribir, cosas que contar, algo que decir... En mi cabeza me salen textos bien hilvanados, alegatos geniales... Cuando estoy en la cama por las noches, "chupando techo", como se suele decir, me vienen a la cabeza tantas cosas sobre las que puedo hablar... Pero, simplemente, a la hora de trasladar las ideas al ordenador y darles forma, a veces se me van las ganas. No sé por qué.

Envidio a esos blogueros que logran mantenerse escribiendo un artículo al día, que los hay, y muy buenos; o a los (grandes) periodistas con miles y miles de lectores que son capaces de escribir no sé cuántas columnas de opinión semanales. Todos ellos capaces de crear textos de la nada con tan aparente y asombrosa facilidad. Yo no sé si sería capaz de hacerlo o no, desde luego por falta de ideas no será, pero la mitad de las veces que lo intento la pereza termina por vencerme.

Escribo estas líneas mientras escucho a Lisa Ekdahl y su Give me that slow knowing smile. Magnífica.

Por todo esto que acabo de contaros, he decidido hacer mi propia lista de propósitos para el nuevo año.

Ahí van:

1- Escribir con más regularidad. Había pensado en un artículo a la semana, pero quizás eso sea exigirme demasiado... En definitiva escribir, tanto si lo publico como sino. Escribir, escribir, escribir. Escribir y pensar. Imaginar y escribir. Inventar y escribir. Escribir sin parar.

2- Cuidar a mis amigos y a mi gente, que son lo mejor que tengo.

3- Seguir leyendo tanto como siempre, ¡O más!

4- Estudiar más, como mínimo una horita y pico al día. Dicen que dos horitas es lo ideal, así que yo casi llego.

5- Dejar de seguir viendo el Telediario de Antena 3 del mediodía sólo porque antes vayan Los Simpson.

6- Pasar a cuarto de carrera sin la Puñetera Prehistoria a cuestas. Al menos ya me he librado de Teresa Orozco. Por lo menos eso es un paso.

7- No ser tan asquerosamente vago e ir al gimnasio cuatro veces a la semana, que para eso lo pago.

8- Que los "ya voy" que le contesto a mi padre cada vez que me pide algo se conviertan en acciones prontas y reales. No esperar a que me digan lo que tengo que hacer. (Aquí seguro que mi padre se está partiendo la caja mientras lo lee).

9- Pasar menos horas en el messenger y dejar de perder el tiempo poniendo a parir a ¡tOdA lA pEñA Ke EsKriBe Asi! Este propósito lo podríamos ampliar a todos los que, además, les meten unas patadas increíbles al Diccionario de la RAE y también a los que escriben frases superingeniosasosea sin tener ni puta idea de lo que quieren decir en realidad. O, ya puestos, a todos los que hacen esas tres cosas a la vez, que los hay y muchos.

10- Que, esta vez sí, los propósitos no se queden sólo en propósitos.


Notas: El orden de los propósitos es aleatorio, no tiene nada que ver con su importancia. Los propósitos cuarto y octavo tienen un corolario común: No dejarlo todo para el último momento, como hago (casi) siempre...

Sí, ya sé que me quedan muchos propósitos por cumplir, pero hay que dejar alguno, que sino no me quedarán para el año que viene...

La cuestión es: ¿lo conseguiré? ¿no lo conseguiré? Se admiten apuestas...

Y, ya que estamos, ¡Feliz 2027 para todos también!


lunes, 9 de noviembre de 2009

Frío

El quirófano es un sitio muy frío. Quien ha estado en uno, lo sabe. Y no sólo porque sea un sitio en el que a uno no le apetezca estar, sino por el ambiente, por todos esos artilugios que te rodean y que prefieres no imaginarte para qué sirven. Los focos, que, más que alumbrar, parece que te estén sometiendo a un tercer grado. Luego, alrededor tuyo, está esa gente de traje verde y guante blanco que sólo dejan al descubierto sus ojos. Gente que ni conoces ni te conoce.

¿Y luego? Luego estás tú. Acojonado. Solo.

Resumiendo: no es una situación agradable.

A tu lado se aparece una tía que te ata una goma en la muñeca para que se te ponga la vena como una morcilla de Burgos. Después, sin que te dé tiempo ni a verlo, esa misma mujer se ha armado con una aguja enorme. “No te pongas nervioso, que sino será peor”.

¿¿Peor??

“Ahora, cuenta hasta diez empezando desde atrás”, te dice el cirujano. No hace falta, ni siquiera llegas a cinco. Después la vista se nubla. Oyes, pero no comprendes. Sentir, no sientes nada. La percepción del tiempo es engañosa; lo que para ti pueden ser cinco minutos, en realidad es una hora.

Luego, despiertas. Sensación de angustia. A veces dolor.

Ahora ya estoy en casa y todo está bien. Tranquilidad.


En fin, luego me haré unas rayitas de colacao y me olvidaré de todo esto.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Delirios de mis noches tristes

Esperando unas palabras de su amada que nunca llegaron, el joven se sumió en una profunda tristeza que acabó por consumirlo hasta hacerle perder la poca cordura que todavía le quedaba. Terminó sus días en la cama, leyendo las cartas a la luz de un candil y recordando un pasado en el que fue feliz, hasta que su vida se apagó en una fría y lúgubre madrugada de invierno...

domingo, 30 de agosto de 2009

Gripe ¿A?

¡Hola de nuevo!

Disculpadme por no haber aparecido por aquí en todo el mes de julio. ¡He estado comprobando que la vida es posible sin Internet! No sólo es posible, sino que, casi siempe es ¡mucho mejor! Sobre todo si, a cambio de prescindir de Internet, tienes unas maravillosas vacaciones veraniegas, como ha sido mi caso (cara de triunfo acompañada con una risa malévola... jijiji)

Pero bueno, lo de mis vacaciones lo dejaremos para otro artículo, quizá el mes que viene. Hoy vengo para contaros (o alertaros, más bien) sobre un video que he encontrado en la Red (porque Internet también tiene sus bondades, que no son pocas).

Me hago eco sobre un asunto que desde hace tiempo trae de cabeza a toda la población mundial: la llamada Gripe A.

Todas las personas que han muerto por dicha enfermedad hasta ahora ya presentaban complicaciones respiratorias con anterioridad.

Según el diario El País, en el año 2005 murieron en España 520 personas a causa de la gripe común. ¡520 personas en todo un año frente a las 21 en todo lo que llevamos de 2009 fallecidas por la famosa Gripe A! La última víctima, además, también estaba afectada por una patología previa.

Además, la gripe común causa anualmente en el mundo entre 250.000 y 500.000 muertes.

¡Y por todo esto nadie se alarma! Los medios de comuncicación y la prensa no le dan absolutamente ninguna importancia Sencillamente, porque eso ¡no es noticia!

¿Acaso alguien se acuerda ya de la gripe aviar? ¡No! ¿por qué? Porque era una gripe común, como la Gripe A.

Para aclarar todavía más las dudas que podáis tener, os animo encarecidamente a que veáis este interesantísimo documental con el que me he topado hace unos días.

Sencillamente hay que tener claro que la cosa no es ni mucho menos como la pintan en la tele. Prevención, sí. Pero no alarmismo. Basta con que nosotros tomemos las precauciones necesarias y que cuidemos de nuestros seres queridos. Nada más.

martes, 30 de junio de 2009

Sobre Darth Madoff y algunas cosas más

Tranquilos, que este no va a ser un artículo de economía; podéis seguir leyendo...

Como sabéis Bernard L. Madoff ha sido condenado a 150 años de cárcel por llevar a cabo la mayor estafa de la Historia. 150 años...º º º º º Aunque cumpliese sólo la mitad de su pena, y teniendo en cuenta que tiene 71 años, esta sentencia le condena a estar todo lo que le resta de vida entre los barrotes. Es curioso tanto rigor en la sentencia, dado que Bernard Madoff (de ahora en adelante Darth Madoff), aunque es un grandísimo cabrón, no tiene delitos de sangre. Sin embargo, otros muchos delincuentes que sí los tienen no pasan ni 20 años entre rejas. También los hay que, amparados bajo el sayo de la política, se creen dioses y se dedican a condenar a muerte a personas muchas veces inocentes, personas con enfermedades mentales, personas extranjeras que han sido privadas de derechos consulares... Estos sujetos, (llamémosles sujetos, llamémosles ex-presidentes de Estados Unidos) tampoco van a la cárcel.

La ecuación la pintan muy simple:

Sujeto a defrauda 50.000 millones de dólares = 150 años de cárcel.

Sujeto b comete un genocidio contra un país entero o lleva a cabo una matanza a sangre fría, programada y, lamentablemente, legal = Retirarse con los bolsillos llenos, viviendo de las rentas y sin rendir cuentas a la justicia.

¿A vosotros os parece justo?

Yo creo que las cosas deben hacerse de otra manera. Toda esta debacle de la economía que estamos viviendo, esta crisis, todo lo que Darth Madoff ha robado, los escándalos financieros de la Cámara de los Lores británica... todo, ha sucedido porque una serie de individuos, cuya identidad desconocemos y que son quienes, supuestamente, debieron estar atentos de la buena marcha de la economía mundial, en vez de hacer eso se han dedicado a especular masivamente con el dinero de los demás llenándose los bolsillos de pasta. Me estoy refiriendo a todos los banqueros y hombres de negocios responsables de las compraventas de todas esas hipotecas-basura, ¡Me dan asco! Esos tampoco pisarán jamás el trullo. No sólo eso, sino que además esas mismas personas pretenden que sean los demás, los gobiernos y el pueblo, quienes paguen los desperfectos, quienes solucionen la crisis, quienes pongan todo el dinero que ha desaparecido.

Lo que hace falta es un mayor control de la banca por parte de los gobiernos de cada país, no penas de cárcel tan elevadas. Lo que tienen que hacer con Darth Madoff es embargarle, obligarle por los medios que sean a que devuelva todo el dinero que estafó. Hace falta que aprenda y que, a final de mes, tenga que mirarse los bolsillos, como hace todo el mundo. Eso es lo que deberían hacer, y no condenarlo a morir en una celda. La cárcel se concibe, o, al menos, debe ser concebida, como un medio para la reinserción del reo, no como medida de castigo, venganza, humillación o escarnio. Y ésto no lo digo yo, ésto lo dijo Hugo Grocio*, uno de los primeros teóricos sobre el Derecho Internacional y el sistema carcelario en Europa, ya en 1625.

En este punto es cuando la gente dice: pero lo que no se puede permitir es que este hombre, por ser viejo, se le permita no ir a la cárcel, como pasó con Pinochet. No, no, un momento: Augusto Pinochet fue responsable directo de la muerte de cientos de personas; Darth Madoff no ha matado a nadie.

Está claro que algo falla; o cambiamos el mundo de base, o el sistema de valores, o dentro de nada nos iremos a la mierda. Así de claro.


* GROCIO, Hugo De iure belli ac pacis (Derecho de la guerra y la paz, 1625)

domingo, 24 de mayo de 2009

Un país tan extraño como cualquier otro

Como sabéis, yo estudio Historia, y hace unos días me mandaron hacer una práctica, un comentario crítico sobre unos textos que me dieron a leer. Me ha gustado cómo me ha quedado y he decidido colgarla aquí. Aviso: es larga. A ver si alguien se la lee entera y comenta... aunque lo dudo jajaja.

La cuestión del sentimiento nacional español está hoy en plena actualidad. Pero es que lo ha estado siempre. De hecho ya lleva más de dos siglos de discusión y largos ríos de tinta han corrido sobre el tema durante décadas. Hay opiniones para todos los gustos. Resulta curioso ver cómo en los artículos que he leído para esta práctica, se identifica la supuesta debilidad de la identidad nacional española, corriente imperante en la historiografía de finales de los siglos XIX y XX, con la crisis política que vivió España en aquél momento y cuyo punto álgido fue el llamado Desastre del 98. Y digo que resulta curioso porque justamente hoy, que estamos inmersos en una crisis acuciante, también los políticos se empeñan en proclamar a voz en grito que España se rompe. Se está produciendo una “balcanización de España”, decía, no hace mucho tiempo, quien un día fuera, desafortunadamente, presidente del gobierno español y cuyo nombre no quiero recordar. En fin, sólo quería mencionar este curioso paralelismo. Huelga decir que llevamos cinco años de gobierno socialista (que no de izquierdas) y España no se ha roto.

Lo cierto es que la humillación sufrida por España tras el Desastre del 98 provocó la necesidad del país de autoafirmarse como una gran Nación. España ansiaba dejar de ser vista como un imperio con muletas, deseaba recuperar la gloria de antaño y, tras la pérdida de las últimas colonias españolas de ultramar, necesitaba volver a ganar peso en la escena internacional.

En estas circunstancias comenzaba lo que se ha dado en llamar el movimiento regeneracionista, una corriente que, desde distintos ámbitos, como el político, el literario o el artístico, trataba de redefinir el concepto de España y sacar al país del caos en el que se hallaba sumido. Se trataba, simplemente, de una forma más de redefinir un Estado-Nación, pues no olvidemos que todos los Estados actuales comenzaron a forjarse, tal y como son hoy, a comienzos del siglo XIX. Y es que conviene recalcar, porque a veces se deja de lado, que el caso español no es único; contamos también con el paradigmático ejemplo de Gran Bretaña y sus cuatro nacionalidades: galesa, irlandesa, escocesa e inglesa. Un asunto que sigue vigente hoy en día. O también con Italia, cuya unificación no fue efectiva hasta 1861 con la coronación de Víctor Manuel II como Rey de todo el país. Lamento no poder extenderme más al respecto de estos casos, pero mis conocimientos sobre ellos no son muy profundos; además, aquí debemos centrarnos en el caso español, que es el que nos ocupa.

Fue el propio gobierno quien, desde arriba, se arrogó el deber de llevar a cabo la tarea de regenerar el país. Para llevar a cabo el resurgimiento de España, para recuperar la gloria perdida, el regeneracionismo del que hablábamos antes, la clase política de finales del XIX y comienzos del XX difundió un discurso de exaltación de la grandeza de la patria.

Se consideraba que el pueblo, que había estado manejado durante siglos por la Iglesia y la temida Inquisición, era ignorante, inculto, y por tanto dócil. Era cierto: la conciencia de los españoles, su pensamiento, ha estado constreñido durante cientos de años por la religión; han estado siempre obligados a aceptar, sin cuestionarlos, los dogmas impuestos por la fe católica. Totalmente atemorizados, pues les hacían creer que si se salíamos de la senda marcada sufrirían terribles torturas, o peor, arderían eternamente en las llamas del Infierno. Después de tanto tiempo con semejante panorama, es lógico pensar que ése pueblo, imbuido de unas ideas que recitaban sin cesar unos señores vestidos de negro desde lo alto de su púlpito, sea ignorante y fácilmente manejable.

A mi parecer, ése fue el error del Gobierno: el hecho de pretender lograr una solución “desde arriba”, sin contar con los ciudadanos. El hecho de pensar que los ciudadanos eran una masa sin opinión, ni voz, ni voto, que aceptaba con sumisa obediencia todo lo que se le dijera. Quiero decir que creo que, al contrario que en el caso francés, aquí ha faltado implicar al pueblo para que llevase a cabo una revolución que derribase mucho antes la, ya de por sí, débil estructura del Antiguo Régimen. Aquí han faltado una revolución, como la francesa, que llevase implícito el sentimiento de una Nación española, y una burguesía capaz de dirigir dicha revolución. Dice una amiga mía, un poco radical, que aquí a faltado “cortar cabezas, como en la Revolución Francesa”. Yo no soy tan radical en mis planteamientos; aunque, seguramente, de haber empezado mucho antes con la separación entre Iglesia-Estado, España hoy sería un país muchísimo más avanzado.

Pero, como digo, la realidad fue otra: la realidad fue que el progresivo endeudamiento del Estado tras la crisis del 98 provocó la pérdida de interés y de confianza de los ciudadanos en las instituciones políticas, las mismas que se autoproclamaron encargadas de reforzar el sentimiento nacional.

Además, la existencia de una región, Cataluña, más avanzada que las del resto de España, propició el surgimiento de propuestas nacionales alternativas. Se enciende la mecha. Los catalanistas criticaban que, si el peso económico de Cataluña era mayor, no era justo que tuviesen tan poca presencia en la política nacional. Se consideraban autorizados para criticar la crisis del 98, ya que ellos eran los menos responsables de ella. Así las cosas, fueron la desastrosa política de los partidos dinásticos y el Desastre del 98 los motivos que propiciaron la aparición de la Lliga Regionalista de Cambó, principio del nacionalismo catalán. De este modo, los catalanistas terminaron uniéndose y se presentaron a las elecciones planteando acabar con el caciquismo.

Cataluña ha sido siempre, sino la mayor, una de las regiones más desarrollada del país. Fue la primera en industrializarse e incluso hoy en día, Barcelona es la ciudad puntera en España en cuanto a ciencia e investigación. Siempre ha sido Cataluña la que ha tirado del carro de España. No en vano es hoy la región que más contribuye al PIB nacional.

Pero, volviendo a la época del regeneracionismo, tras el Desastre del 98 llega la maduración de los nacionalismos periféricos catalán y vasco. La diferencia entre sendos movimientos reside en que en el nacionalismo catalán no existe una figura carismática como lo es Sabino Arana en el País Vasco, ni hay un partido que sea origen de todo como el PNV en Euskadi; es decir, en el nacionalismo catalán no existe un cuerpo doctrinal. Y además, el catalanismo no es etnicista, y el nacionalismo vasco sí. Si se me permite, quisiera citar un extracto del Manifiesto del Partido Nacionalista Vasco que creó que ilustra perfectamente lo que quiero decir:

“Al pueblo vasco

Amenazada de muerte la nacionalidad vasca por el peligro de muerte que corre la raza, a punto de desaparecer su idioma y adulterados su espíritu y su tradición, el nacionalismo vasco aspira a purificar y vigorizar la raza, a depurar y difundir el euzkera hasta conseguir que sea la única lengua de Euskadi y a purificar el espíritu y esclarecer la tradición del pueblo vasco, encaminándose su trabajo en cuanto a tal fin”.*

También, si se quiere un ejemplo bastante más reciente, basta con recordar la famosa frase pronunciada por el ex-lehendakari Ibarretxe tras haber perdido las últimas elecciones vascas: “somos el líder natural”, decía.

Cataluña plantea que España tiene que cambiar. Así, surgen Cataluña partidos modernos y con amplio apoyo social, lo cual les permite hacer nuevas políticas. Ésta es la razón por la que, al contrario que la Unión Nacional de Joaquín Costa, los partidos catalanistas no fracasan: porque son capaces de plantear, siempre desde diferentes ópticas, nuevas soluciones con la voluntad de llevarlas a cabo. Por ejemplo, tras la crisis del 98, habrá quienes consideren que España necesita más centralización y los habrá que sostengan totalmente lo contrario: que lo que España necesita es más descentralización administrativa. Como se puede ver, el actual Estado de las Autonomías no es una idea nueva ni reciente; es más, ya el general Polavieja propuso en su día que se reconstruyeran las regiones históricas como diputaciones únicas y también planteó la posibilidad de que Madrid estableciera con Cataluña unos conciertos económicos, un sistema fiscal que, por cierto, ya estaba vigente en el País Vasco y Navarra.

Evidentemente, la política catalana creó fricciones con Madrid, que no aceptaba el desarrollo de políticas propias y, sobre todo, el resurgimiento del catalán, lo que era percibido por Madrid como un peligro para la supervivencia del castellano en Cataluña. Es significativo ver cómo los partidos dinásticos, especialmente el Conservador, van perdiendo influencia en Cataluña hasta quedar extinguidos por completo.

Ese fue otro de los errores de Madrid: negarse a reconocer una realidad como era la pluralidad política, cultural y, por supuesto, lingüística en Cataluña, puesto que se pensaba que tal cosa podría suponer un peligro para la unidad del Estado-Nación que se estaba tratando de reconstruir.

Ante esa empresa de reconstruir España, la clase política de Madrid optó por una interpretación de la Historia de España plagada de héroes nacionales y próceres de la patria con el Cid a la cabeza. Una Historia hecha para que sirviera a los intereses de la política del momento y, cómo no, de la Iglesia. Una Historia de la Reconquista que ensalzaba los valores cristianos frente al intruso musulmán, que rescataba los territorios perdidos de manos de los musulmanes para la fe católica. Ya desde ese momento, y siempre desde esta visión del siglo XX, comenzó a gestarse España, una España que ahora peligraba. Luego tenemos a don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, que recuperó la Taifa de Zaragoza para el Rey Alfonso de manos de al-Muqtadir. Pero la gran verdad es que la famosa Reconquista no fue tal: el término “Reconquista” es puramente ideológico. El objetivo de Jaime I, de Pelayo y de todos sus coetáneos no es ganar tierras a al-Ándalus, sino expandir sus propias tierras, controlarlas mejor. ¿Cómo podemos hablar de Reconquista, si los propios cristianos se peleaban entre ellos? ¿Cómo podemos hablar de Reconquista, si de hecho el propio Rey Alfonso VI fue acogido por al-Mamún, Rey de la Taifa de Toledo? No, no hubo Reconquista; no hubo recuperación de territorios para la fe católica, ni mucho menos existió una idea de recuperación de “Hispania” o algo parecido, no. El objetivo es, simplemente, expandir sus tierras, controlar más territorio. De hecho a los cristianos les daba igual tener allí enfrente a los árabes, les daba igual mientras éstos pudieran seguir pagándoles las parias que se les exigían. Y en cuanto al Cid, valeroso caballero, sí; pero no un prócer del patria. Rodrigo Díaz de Vivar era un mercenario, es decir, trabajaba para el mejor postor; ya fuera éste el cristiano Rey de Castilla o el de la musulmana taifa de Zaragoza. Y esto no es ni bueno ni malo; es lo que es, y punto.

Otra manera que utilizaron los políticos para mantener la unidad de la maltrecha patria fue la de la lengua. Los políticos y las élites castellanas trataron de expandir la lengua y la cultura castellanas por todo el país, aunque sólo lo consiguieron parcialmente, pero ésa es una cuestión que será abordada más adelante. Un país, una cultura, una lengua, pensaron. España tiene multitud de culturas, tradiciones, lenguas, costumbres, gentes… Y eso es lo que hace verdaderamente rico a un país: la variedad, lo distinto.

He leído unas cuantas veces en el texto la palabra subordinación: subordinación de la lengua española a la catalana o a la vasca ¿por qué? ¿por qué no, mejor, yuxtaposición? o ¿complementariedad? o ¿igualdad?

El hecho de que el Estado español haya tratado de imponer a golpe de decreto y durante siglos el idioma castellano en detrimento de las demás lenguas del país es una aberración y una vergüenza, desde luego. Supone sencillamente ignorar que existen otras culturas lingüísticas diferentes a la castellana, pero no por ello han de ser mejores o peores. Pero ahora, como si se tratara del perro que se revuelve contra el dueño que le maltrataba, vascos y catalanes hacen exactamente lo mismo con el español. Me duele ver cómo ahora en Cataluña y en Euskadi se está haciendo una política que no dista mucho de la que se hacía antaño con el castellano. El hecho de que en las universidades catalanas o vascas un extremeño, por ejemplo, no pueda ir a estudiar porque la mayoría de las clases son sólo en catalán o en esuskera es una aberración, significa una de las peores formas de exclusión que se pueden imaginar. Obligar a una persona a hablar una lengua que no siente suya, sea cual sea la lengua y sea quien sea la persona, es una absoluta injusticia.

Los políticos, desde todos los lados e ideologías, se han dedicado a hacer de las lenguas un arma arrojadiza. De las lenguas, las banderas, las camisetas de las selecciones autonómicas de fútbol… Una vergüenza. Conviene recordar que la identidad nacional, no es sólo política. No la hace el Estado, ni las instituciones políticas, la hace el pueblo, los ciudadanos, las personas, la gente. Son ellos quienes, a través del tiempo, van conformando las señas que constituyen la identidad nacional.

Los idiomas son lo más intrínseco de nuestra formación y nuestra personalidad, son la lengua en la que nos hablan nuestros padres, en la que nos hemos criado.

El Estado-Nación, eso que llamamos España, todavía no es una realidad, y no lo será hasta que la sociedad, y los políticos reticentes, acepten que este país, afortunadamente, tiene una heterogénea, rica y muy variada historia cultural y lingüística que debemos cuidar y proteger para que perdure por muchas generaciones.

Es cierto que quizás, hoy en día, cuando alguien dice que se siente español lo toman por un “facha”, pero no tiene en absoluto por qué ser así. Lo que sucede es que, dado que este país a estado gobernado durante décadas por el conservadurismo político, (Cánovas, Maura, Primo de Rivera, Franco… la lista sería casi interminable) la derecha ha acabado arrogándose el derecho de ser la imagen de España. Pero ¿y los que somos de izquierdas? ¿y los republicanos? ¿no somos españoles?

Así mismo, no dejo de ver con preocupación cómo caminamos cada día, inexorablemente, a un bipartidismo político. ¡NO! Ambos grupos tendrán que aceptar que haya personas, colectivos o grupos que piensan diferente, que entienda el país, y el mundo, de una forma distinta; y que abogan por un Estado más justo, más abierto, más plural, donde todos nos sintamos representados. Igual que no podemos dejar que haya un único partido que se adueñe del derecho de ser la representación de la izquierda en este país.

*Manifiesto del Partido Nacionalista Vasco. Aberri, 15 de diciembre de 1906.

domingo, 26 de abril de 2009

Fobia

Este fin de semana ha sido agotador... Para mí comenzó el jueves puesto que el viernes no tuve clase. Salí el jueves, el viernes y el sábado. Los tres días, seguidos, y hasta las tantas; cosa que hago muy pocas veces. Pero la verdad es que, aunque estoy algo cansado ¡me lo he pasado de maravilla! ¿Para qué negarlo? jajaja.

El viernes, en concreto, salí de marcha con mis amigos de toda la vida, como hacemos siempre que podemos, siempre que a unos les deja tiempo el curro y a otros, el estudio.

Estuvo bastante bien: estuve con los de siempre, vi a un par de conocidos que hacía tiempo que no veía y conocí a gente nueva, lo cual siempre es estupendo, porque te permite aprender más, comparar diferentes puntos de vista, descubrir si tienes (o no) cosas en común con otras personas...

Después de un rato haciendo el tonto, y de que mi hermanito Jose desapareciera "misteriosamente" con su chica, nuestros pasos nos encaminaron al Década Loca, un pub que hay por la zona de Cánovas, una de las zonas de marcha de Valencia. Yo salía y entraba del local bastante, porque llega un momento en que no puedo soportar tanto chunda-chunda taladrándome los oídos...

Una de las veces que estaba fuera, en la puerta, me quedé conversando con Toni, uno de los del grupo. Él decía que era franquista, pero que respetaba todas las sensibilidades, y yo le contestaba que yo no lo soy. Me da rabia ver cómo hay chavales hoy en día que se declaran franquistas. Son gente que no ha vivido una guerra, una posguerra, y una férrea dictadura de casi 40 años. No saben lo que dicen, no pueden saberlo, no se imaginan lo que verdaderamente significa todo aquello.

A pesar de todo he de decir que, aunque no comparta su ideología, Toni me pareció muy buen tipo. El caso es que, tras unos minutos, sucedió algo sorprendente: el portero del local salió del ensimismamiento en el que parece que están sumidos siempre todos los de su gremio y decidió sumarse a nuestra entretenida conversación haciéndonos un rápido resumen de lo que, según él, era la caótica y deprimente realidad social española.

Su análisis fue el siguiente: "¡España es una mierda! Cada vez vienen más negros a quitarnos el trabajo. Al puto Zapatero de los cojones le van a dar por donde yo te diga. ¡Hay que joderse! Claro, ahora como permite que dos hombres se casen, adopten y se den por el culo, luego eso los chavales lo ven normal y lo imitan".

Que estas lindezas las suelte un chaval sin estudios (él dijo que no tenía estudios) no es algo que sorprenda, es lógico, y lo siento mucho por él. El mayor problema es que, la percepción de la homosexualidad como algo que se transmite mediante la copia o imiación de unas personas a otras es una teoría que mantienen bastantes personas, que se presuponen cultas, y que se denominan a sí mismos expertos. Eso es lo más grave: ¡Que gente con estudios asegure que tales estupideces son ciertas es lo que me da miedo! Porque hay gente, como el portero, que las oye ¡y se las cree!

Si se dice que la homosexualidad es algo que se puede transmitir mediante la copia o imitación de unas personas a otras, también se podría decir que la heterosexualidad es algo que se puede transmitir mediante la copia o el imitación de unas personas a otras. Pero tales afirmaciones son tan estúpidas que se caen por sí solas. Dejando aparte que nunca han sido probadas científicamente, hay que decir que, que yo sepa, los homosexuales, al menos los que yo conozco, no tienen esa orientación sexual porque la hayan copiado o imitado de su padres.

¡Basta ya! La homosexualidad no es, ni mucho menos, una nueva moda, no es una enfermedad y por supuesto, no es la consecuencia de un desorden mental o de la imitación de un comportamiento determinado. La homosexualidad es una orientación sexual que se ha dado, y se dará, a lo largo de toda la Historia. Igual que lo son la heterosexualidad o la bisexualidad. Porque la orientación sexual se da en cada persona de manera natural y aleatoria.

En la Antigüedad, por ejemplo, la bisexualidad estaba bien vista. En la cultura egipcia era así. En la Grecia imperial, es por todos conocido que el famoso Alejandro Magno y su buen amigo Hefestión eran amantes, y ambos estaban casados con mujeres. En Roma, del mismísimo Julio César se decía que era el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres. De esto hace hoy más de 2000 años. La sociedad ha tenido desde entonces bastante tiempo para superar estos prejuicios.

Según el diccionario de la RAE, homofobia: aversión obsesiva hacia las personas homosexuales. La propia palabra lo define a la perfección: homo: del griego ὁμο-: igual, y fobia: -φοβία: del griego: temor. Y es que los homófobos no lo son por convicción, sino por aversión, por temor; en definitiva, por miedo. Miedo a lo que no conocen, miedo a aquello con lo que no están acostumbrados a convivir.

Por ello, cabe suponer, y así lo espero yo, que tales prejuicios, como la homofobia, vayan despareciendo poco a poco.


P.D.: Votad en la encuesta de este mes que está arriba a la derecha, por favor :-)

lunes, 13 de abril de 2009

Guido Brunetti

Después de estar con una amiga, andaba yo hoy de vuelta para casa cuando pasé por La Casa del Libro. Me encanta ese lugar... Cada vez que entro se me van las horas ahí mirando libros. Y entro cada vez que paso por ahí; y, cada vez que paso por ahí, no salgo sin haber comprado algo... En fin, una perdición.

Hay muchas librerías en Valencia. Una de las más grandes es Soriano, aunque a mi no me gusta. No sé si será cierto (no lo creo) pero cada vez que entro ahí me da la sensación que es uno de esos sitios en los que, si te pasas más de cinco minutos mirando y sin comprar, te miran mal. (afortunadamente, yo no tengo tantos lectores como para que ahora la clientela de Soriano empezase a bajar..... jajajaja).

No sé por qué, pero la verdad es que yo prefiero La Casa del Libro. Tiene un ambiente más acogedor, los dependientes son (o parecen) majos, te puedes tomar tranquilamente un cafetito mientras lees... Y luego están las estanterías, verdes, repletas de libros (venas de papel con tinta por sangre, que los llamaría mi hermano Carlos).

Bueno, perdón, que me voy por los cerros de Úbeda (siempre me he preguntado de dónde vendrá esa frase). El caso es que estaba por la librería cuando me topé con el nuevo libro de la saga de Guido Brunetti, el meláncólico, culto y pragmático comisario de policía creado por Donna Leon.

Os pongo en antecedentes...

Donna Leon es una escritora yanqui afincada en Venecia desde hace unos 20 años y ha creado una saga literaria protagonizada por Guido (pronúnciese Güido) Brunetti.

El melancólico comisario Brunetti combate el crimen en su ciudad natal, Venecia, y sus alrededores. El hecho de que pueda atacar sólo hasta cierto punto la corrupción endémica del sistema, convierte al comisario Brunetti en un hombre muy cínico. Aun así él no ceja en su empeño y lo intenta una y otra vez.

No obstante, Brunetti encuentra consuelo en compañía de su mujer Paola, descendiente de una de las más antiguas familias venecianas, y de sus dos hijos, Raffi y Chiara. Paola enseña literatura inglesa en la universidad y, a pesar de su pasado familiar, tiene un pensamiento de izquierda. El calor doméstico de su familia contrasta con la corrupción y la crueldad que Brunetti encuentra en el trabajo. Luego tenemos al vicequestore Patta... ¿Sábeis ése tipo de jefe al que alguna vez habéis querido cantarle las cuarenta? Pues igualito. Inútil y egoísta, constantemente pone trabas a la tarea de Brunetti por cuestiones de intereses políticos.

Mientras vemos cómo el comisario va resolviendo sus casos, la autora va desgranando los entresijos de la sociedad italiana, con bastante humor, y muy negro, y la miserias de los que gobiernan.

Si os gusta la novela negra, ¡os engancharéis!
Si no os gusta, a partir de ahora ¡SÍ!

Así es que, su nueva novela, La otra cara de la verdad, la estaba esperando con más ganas que las que tiene Güiza de que le dejen tranquilito los de DEC (¡qué asco de programa!).

En fin, espero que me hagáis caso, ¡porque no os arrepentiréis!

P.D.: ¡Hay nueva encuesta!

miércoles, 25 de marzo de 2009

Más poesía...

Aquí os traigo dos nuevos poemas de mi colega Carlos. La verdad es que me gusta mucho su poesía, él es una gran cabeza pensante. Además, no recurre a lo de siempre: al amor, el tema por excelencia. El 90% de la poesía que por ahí circula o es de amor o lleva "amor" en el título. No es que no me guste; de hecho, la mayoría de ellas son preciosas. Pero se agradece que alguien sepa hacer versos con algo más que con el sentimiento universal.

Las poesías han sido eliminadas de este Sitio por petición expresa de su Autor.
No obstante, ¡pronto volverá con nuevas composiciones!

Mientras tanto, nos tocará esperar...

martes, 24 de marzo de 2009

Honorio

¡Hola!

Hoy no tengo muchas palabras; sobran. Simplemente quería hablaros de un amigo, gran amigo, al que llamaremos Honorio, actor de profesión, que acaba de rodar un corto y lo ha presentado a un concurso de ABC (sí, entiendo vuestro rechazo, a mi me pasa igual... pero el corto está muy bien, lo prometo). Entrad y, si os gusta, podéis votarlo. Además, si agudizáis el ingenio y escribís un buen comentario estaría muy bien (sortean 500 euros para los mejores...)

Para ver el corto pichad aquí: Un papel a medida

Besos